Antecedentes

Costa Rica es un país especial: fue el primer país latinoamericano en abolir el ejército y dedica una cuarta parte del territorio nacional a parques nacionales, reservas biológicas, y áreas protegidas, con el fin de tutelar la naturaleza. Por esta causa, instituciones costarricenses, personajes y científicos nacionales, han conseguido galardones y homenajes a nivel internacional y mundial, que le han deparado al país un notable prestigio a nivel global.

El país, de manera pacífica, universalizó el sistema de salud y de educación, la protección contra enfermedades y riesgos laborales (salud laboral), y creó un régimen obligatorio de pensiones complementarias. También se concibió y se desarrolló una organización social laboral innovadora, que ha contribuido y contribuirá en el futuro en la ampliación y profundización de la democracia económica y social de la colectividad. Esta entidad social laboral se denomina “asociación solidarista”; al sistema se le llama movimiento o sector solidarista.

Origen del solidarismo

En Costa Rica, el solidarismo tuvo como contexto histórico las reformas sociales de 1940-1943. Su fundador y mentor fue el Lic. Alberto Martén Chavarría, Benemérito de la Patria y eminente intelectual. El 15 de setiembre de 1947, el señor Martén Chavarría inició las conversaciones para dar a conocer su Plan de Capitalización Universal, conocido como Plan Martén, que constituye el fundamento doctrinario del solidarismo. Hoy este Plan, concebido con imaginación y creatividad por ese eximio costarricense, es valioso producto de exportación costarricense a otras latitudes del hemisferio.

Don Alberto fue integrante destacado de la Junta Fundadora de la Segunda República. Fue el autor del impuesto extraordinario del 10% al gran capital y redactó el Decreto de Nacionalización Bancaria, una de las decisiones más trascendentales de la referida Junta. Fue uno de los precursores del dinero plástico.

Luego de más de 67 años de su lanzamiento, el sector solidarista está compuesto en la actualidad por 1445 asociaciones, así como de aproximadamente 400,000 afiliados (as), siendo la primera fuerza social laboral organizada más importante del país. Contribuye a la armonía entre trabajadores y empresarios, a la paz y a la justicia social, y al desarrollo integral de las y los asociados y sus familias. Colaborando en la ampliación y profundización del Estado de Bienestar y el desarrollo humano equitativo, sostenible, inclusivo y participativo.

¿Qué es el solidarismo?

El solidarismo es un sistema que fomenta la producción, democratiza el capital y satisface las aspiraciones o necesidades de empresarios (as) y trabajadores (as). Además considera que debe unirse el capital y el trabajo, el patrono y el trabajador, para juntos incrementar la producción y mejorar las condiciones socioeconómicas de los trabajadores (as).

Según la Ley de Asociaciones Solidaristas N° 6970: “las asociaciones solidaristas son organizaciones sociales que se inspiran en una actitud humana, por medio de la cual el hombre se identifica con las necesidades y aspiraciones de sus semejantes, comprometiendo el aporte de sus recursos y esfuerzos para satisfacer esas necesidades y aspiraciones de manera justa y pacífica” (Artículo 1). Para organizar una asociación se requiere un mínimo de 12 trabajadores.

Los fines fundamentales de las asociaciones solidaristas son: procurar la justicia y la paz social, la armonía obrero-patronal y el desarrollo integral de sus asociados y sus familias. Pueden constituirse en regímenes de empleo público o privado y se ajustan a estrictos principios democráticos.

Las asociaciones solidaristas son entidades de duración indefinida y tienen personalidad jurídica propia. Para lograr sus objetivos pueden adquirir toda clase de bienes, celebrar contratos de toda índole y realizar toda especie de operaciones lícitas encaminadas al mejoramiento socioeconómico de sus afiliados, en procura de dignificar y elevar su nivel de vida. En tal sentido, pueden efectuar operaciones de ahorro, de crédito y de inversión, así como cualquier otra que sean rentables. Asimismo, pueden desarrollar programas de vivienda, científicos, deportivos, artísticos, educativos, recreativos, culturales, espirituales, sociales, económicos, lo mismo que cualquier otro que lícitamente fomente los vínculos de unión y cooperación entre los trabajadores, y entre éstos y sus patronos.

El gobierno y administración de estas asociaciones competen exclusivamente a los trabajadores (as) afiliados (as). No obstante, el patrono puede designar un representante, con derecho a voz pero sin voto, para que asista a asambleas generales y a sesiones de la junta directiva de la asociación solidarista. Este hecho constituye una fortaleza fundamental del solidarismo, pues es una garantía del buen manejo y de la administración transparente y eficaz de los recursos económicos de los trabajadores solidaristas y de los aportes de los patronos.

En cuanto a su financiamiento, estas organizaciones sociales cuentan con el ahorro mensual de los afiliados, el cual no puede ser inferior al tres por ciento ni mayor al cinco por ciento de sus salarios. Asimismo, obtienen el aporte mensual del patrono, que será fijado de común acuerdo entre éste y los trabajadores afiliados a la asociación. La contribución de la mayoría de las empresas es del 5,33% del salario de cada trabajador. Este aporte queda en custodia y administración de la asociación como reserva para el pago de las llamadas prestaciones legales. Otro de los beneficios fundamentales que perciben los trabajadores (as) solidaristas es el reconocimiento de excedentes cada año. Los excedentes de cada ejercicio fiscal pertenecen a los asociados y el monto que corresponde a cada uno, se fija de acuerdo con el aporte patronal y con el ahorro del asalariado. Los excedentes anuales son una suma cercana al aguinaldo.

Con el solidarismo, la cesantía se transforma en un derecho efectivo (en una prima de antigüedad), pues el aporte patronal por este concepto, se paga al trabajador en todo caso de terminación de la relación laboral (aún en casos de renuncia y de despido justificado).

La cotización patronal al solidarismo es indudablemente una ventaja comparativa fundamental en relación con otro tipo de organizaciones laborales que no disponen de estos cuantiosos recursos económicos, provenientes del sector empresarial, pero que, al ser trasladados a la asociación solidarista, comienzan a ser administrados en beneficio directo de los trabajadores (as) afiliados (as) y se acreditan, por esta razón, en sus cuentas individuales. Además, muchos asalariados (as) solidaristas hacen contribuciones extraordinarias a sus asociaciones en vista de los excelentes rendimientos que conceden estas organizaciones.

En las asociaciones solidaristas los cargos de directivos (miembros de la junta directiva) y de fiscales no pueden ser remunerados, por imperativo legal, pues en estas asociaciones, de conformidad con su filosofía, se llega y se labora con el propósito de esencial de servir a los semejantes y de ser solidarios, eficiente y eficazmente, con ellos. Esta es una diferencia fundamental con otras entidades laborales en los cuales dichos puestos son remunerados.

El solidarismo no tiene compromisos políticos, partidistas, religiosos o ideológicos, pero anima a sus integrantes a apoyar y fortalecer la democracia representativa y participativa. Se propone unir sólida y fraternalmente a patronos y trabajadores para que ayudándose solidariamente logren un mayor bienestar colectivo e individual.

Para el solidarismo la persona es un ser en familia y para la familia. Presta gran atención a la formación espiritual y cívica del trabajador (a), porque considera que éste (a), antes de ser productor, es un ser humano.